braun

el-futuro-ya-no-es-lo-que-eraAlgo se torció. No sabemos en que momento exactamente pero en algún punto temporal entre los años 50 y 80, el extraordinario futuro que nos aguardaba varió su rumbo y fue perdiendo fuerza como una gaseosa destapada demasiado tiempo.
Y ahora nos lo quieren vender con baratijas, como hicieron con los nativos americanos. Y todo lo que nos dan son asquerosos teléfonos celulares. Y todo lo que nos ofrecen son redes para atraparnos. Y el miserable wassap mofándose de todos con su silbidito impertinente. Y nos ahogamos entre tanta comunicación que nos aisla:
-“No has leido mi mail?”
-“A ver si conectas el movil de una vez!!”
-“Si te invité por wassap!”
-“Lo ha leido y no me contesta”
-“¿Por que no me aceptas como amigo?”
Yo no me resigno. Que me devuelvan mi futuro.
Yo quiero ir a pasar el finde a las colonias de la cara oculta de la luna.
Quiero un coche volador y una suculenta cena en una píldora.
Quiero conocer a la embajadora venusiana en la Tierra.
Y quiero bailar en los bailes de Marte.
Quiero ese futuro que nunca fue.

No hay nada peor que el dolor físico. Por mucho que nos hablen o suframos otros dolores mas relacionados con el alma, el dolor físico agudo y continuado te convierte en un amasijo de nervios carente de todo raciocinio y venderías hasta tu propia madre con tal de que cese. Siempre me ha impresionado este párrafo de la última parte de 1984, de George Orwell:

¡Era inconcebible que un solo golpe pudiera causar tanto dolor! Cayó al suelo. Volvió a ver claro. Los otros dos lo miraban desde arriba. El guardia se reía de sus contorsiones. Por lo menos, ya sabía una cosa. jamás, por ninguna razón del mundo, puede uno desear un aumento de dolor. Del dolor físico sólo se puede desear una cosa: que cese. Nada en el mundo es tan malo como el dolor físico. Ante eso no hay héroes. No hay héroes, pensó una y otra vez mientras se retorcía en el suelo, sujetándose inútilmente su inutilizado brazo izquierdo.


La aguja había llegado al final de su recorrido… como tantas veces a lo largo de la noche.
El se levanto para cambiar el disco. Eligió “Chelsea girls” de Nico. Comenzó a sonar la bella y extraña melodía de “The fairest of the seasons”:

Now that it’s time
Now that the hour hand has landed at the end
Now that it’s real
Now that the dreams have given all they had to lend
I want to know do I stay or do I go
And maybe try another time…

Se volvió a sentar junto a ella. Llenaron de nuevo las copas de vino, esta vez hasta el borde. Se las llevaron a la boca. Bebieron. Rieron. Se besaron.
De pronto ella dijo: –Antes de que sigamos adelante… no quiero que te ilusiones. No soy tan interesante como tú piensas… cuatro relaciones ya y todas han acabado en fracaso. Soy insoportable recien levantada, lo reconozco. Tengo fases de euforia donde me creo la reina del mundo y luego caigo en la apatía mas absoluta. Entonces me paseo en pijama por casa durante días devorando todo lo que lleve chocolate. Que obvio, ¿Verdad? Además…
El la interrumpió: -Si crees que me decepcionarás, estoy seguro de que tienes razón. Yo también lo haré. Estamos condenados al desencanto. Siempre es la misma y vieja historia. Nunca nos enamoramos de la gente real, con sus miserias, con sus pecados inconfesables, que nosotros mismos tratamos de tapar bajo un mar de sonrisas para evitarnos a nosotros mismos. Le damos la espalda a nuestra condición humana. Preferimos construir un mundo perfecto en nuestra imaginación y soñar que eso seguirá existiendo siempre. Un mundo de sábanas siempre blancas donde nadie las ensucia ni las ventosea por debajo. Por eso siempre acabamos decepcionándonos. Aún así…
Levantó la copa y dijo:

Porque tengamos una larga vida de decepciones

Ella tardó todavía unos instantes en asimilar, en sonreir y en alzar su propia copa repondiendo:
Supongo que tenemos todo el tiempo del mundo para decepcionarnos


…now that i smile
now that i’m laughing even deeper inside
now that i see
now that i finally found
the one thing i denied
its now i know
do i stay or do i go
and it is finally i decide
that i’ll be leaving
in the fairest of the seasons…


Uno de los dos apagó la luz. Y comenzó un nuevo y hermoso camino hacia el desencanto.

Vamos cumpliendo etapas inexorablemente

que nos caen como las capas de una cebolla

Algunas gruesas e interminables

y otras fugaces

Que nos van marcando

como la vida concéntrica

de los anillos de los árboles…

Solo que nosotros

somos impacientes

y transversales.


Ilustración: Sigga Björg (Gracias por descubrirmela, Nora)

Música: Nico: The fairest of the seasons

Las dimensiones son cósmicas.

El espacio es infinito.

El tiempo limitado.

La vida es corta.

Ancha es Castilla.

Y las miras, altas






Ilustración: Last supper (Kelly Hutchison)

Música: Low Fi (Stereolab)

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